Contar los recuerdos

Son hechos sucedidos, un pulso incesante para ver qué queda de ellos y como vengo diciendo contándoselos a alguien me libera y me enriquezco. Constato carencias que tuve en su momento y que luego las he ido supliendo, si son del cuerpo seguramente son rescatados de otro cuerpo, no quiero que presenten la imagen de nadie, prefiero a ese alguien que tengo delante porque siempre mis querencias son de cada momento. Por eso cuento, por eso voy contando recuerdos y construyendo presentes a la vez, al mismo tiempo.
La realidad nunca se repite, si perdemos algo la vida no nos lo devuelve igual. Mejor, vamos como redescubriendo de lo que somos capaces con sosiego, inventándolo de nuevo. La memoria siempre duele, es el recodo último y la única manera de hacer que no nos duela es que no sea memoria, que sea presente. El ejercicio de contar me vale, me es necesario, me lo trae el mar desde la orilla, unas niñas que han dejado de jugar, una población en mi sitio de descanso de edad muy adulta, un relevo para conseguir así ir dejando, que alguien se vaya luego quedando.
Por eso me respeta la gente con la que cruzo estos días mis sentimientos profundos y cultivados tantos años, tantos veranos. Me supe ganar ese respeto y ese cariño. De contarlo siempre hice uso y abuso de palabras quietas que se van quedando ya como un libro usado que no lee nadie. Ésa es la principal razón por la que cuento tantos recuerdos: para que me vaya leyendo alguien todavía, para que contando recuerdos con las palabras que me vienen cada día yo me vaya acercando a ésa posibilidad de quedarme hasta la próxima vez, hasta el verano que viene al menos para contaros lo que ya os he contado.
No me engaño, repetir esos recuerdos es una manera insistente de hacerse viejo, pero he descubierto que contárselos a alguien que no se los sabe y quiere leerlos, al contrario me hace sentirme sino más joven con la impresión de haber llegado a tiempo todavía para contar esos recuerdos y que entonces sí que tengan elegancia primero y vayan dejando huella luego.
Ese es mi principal menester, mi tentación de estos días.
3 Comments:
El diario de nuestros recuerdos albergados en la memoria es lo que dan validez al presente y lo que generan el futuro.
Un hombre o una mujer no somos nadie, si no hemos sido capaces de atesorar recuerdos, buenos y malos, tristes o alegres. Son las hojas que dan frondosidad al tronco de nuestra vida.
Sigue cayendo en esa tentación, porque aunque parezca una anacronía, recordar es poder vivir el presente.
Y como siempre, desde mi rincón, mi beso.
Es muy cierto lo que te he respondido ya en ocasiones, hay una espontaneidad en tus respuestas que me dejan casi en silencio pensando solo, lleva razón, es decir el pensamiento enriquecido.
Caeré en la tentación te haré caso y seguiré aprendiendo a recordar viviendo.
Desde siempre, mi beso
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